El nuevo mega avance de Lady Midnight

viernes, 20 de noviembre de 2015

Hola a todos,

Con lo que usan los escritores las redes sociales, ver por aquí y por allí extractos de sus futuras publicaciones se ha convertido en algo normal para nosotros.

Y si alguien es amiga de los extractos  y avances es Cassandra Clare, que ha dejado en su website un nuevo mega fragmento de Lady Midnight, su próximo libro, que inaugura una nueva trilogía de Cazadores de sombras.

¡Disfrutadlo!




"Ahora, ¿cuando se firmó el primer Acuerdo?" pregunto Diana. "¿Y cuales fueron sus efectos?"
Era un atrayente día soleado. La luz del sol se derramaba a través de las altas ventanas, iluminando la pizarra frente a la cual Diana se paseaba, golpeando la palma de su mano izquierda con una estela. Su temario  estaba garabateado en la pizarra en una casi ilegible letra: Emma podía distinguir las palabras Acuerdos, Paz fría, y evolución de la ley.
Ella miró de reojo a Jules, pero el tenía su cabeza curvada sobre algunos papeles. Ellos no habían hablado realmente demasiado hoy, aparte de ser educados el uno con el otro durante el desayuno. Ella se había levantado con una sensación de vacío en el estómago y sus manos adoloridas de agarrar las sábanas.
Además Iglesia la había abandonado en algún momento durante la noche. Gato estúpido.
"Fueron firmados en 1872," dijo Cristina. "Eran una serie de acuerdos entre las especies del Mundo de las Sombras y los Nephilim, pretendían mantener la paz entre ellos y establecer reglas comunes a seguir por todos ellos."
"También protegen a los Subterráneos," Dijo Julian. "Antes de los acuerdos, si los Subterráneos se herían unos a otros, los Cazadores de sombras no podían ni debían intervenir. Los acuerdos otorgaron a los Subterráneos nuestra protección." se detuvo. "Al menos hasta la Paz fría."
Emma recordó la primera vez que había oído de la Paz fría. Ella y Julian habían estado en el Salón de los Acuerdos cuando fue propuesto. El castigo a las Hadas por su participación en la Guerra Oscura de Sebastian Morgenstern. Recordó la confusión de sus sentimientos. Sus padres habían muerto por esa guerra, pero ¿Como Mark y Helen, a quienes amaba, merecían soportar la peor parte de eso simplemente por llevar sangre de hada en sus venas?
"Y ¿Cuando se firmaron los papeles de la Paz fría?" preguntó Diana.
"En Idris," dijo Livvy. "En el Salón de los Acuerdos. Todos aquel que asistía a los Acuerdos se suponía que estaría allí, pero la Reina Seelie y el Rey Unseelie nunca aparecieron para firmar el tratado, así que se alteró y fue firmado sin ellos."
"Y ¿Que significa la Paz fría para las Hadas?" La mirada de Diana apuntó a Emma. Emma bajó la vista a su mesa.
"Las hadas ya no están bajo la protección de los Acuerdos," dijo Ty. "Está prohibido ayudarles, y tienen prohibido contactar con los Cazadores de Sombras. Solo la Scholomance y los Centuriones están destinados a lidiar con las hadas- y el Cónsul y el Inquisidor."
"Un hada que porte un arma puede ser castigado con la muerte," añadió Jules. Parecía exhausto. Había círculos oscuros bajo sus ojos.
Emma deseaba que la mirara. Ella y Julian no peleaban. Nunca pelearon. Se preguntó si él estaba tan desconcertado como lo estaba ella. Seguía oyendo una y otra vez lo que él había dicho: que el no habría querido un parabatai. ¿Era cualquier parabatai el que no quería, o ella específicamente?
"Y que es la Clave, Tavvy?" era una pregunta muy elementaria para cualquiera de ellos, pero Tavvy parecía satisfecho de ser capaz de responder algo.
"El gobierno de los Cazadores de Sombras" dijo. "Todos los Cazadores de Sombras activos están en la clave. Aquellos que toman las decisiones son el Consejo. Hay tres Cazadores de Sombras en el Consejo, cada uno representa a una raza diferente de Subterráneos. Brujos, Hombres lobo y Vampiros. No ha habido un representante de las hadas desde la Guerra Oscura."
"Muy bien," dijo Diana, y Tavvy sonrió. "¿Puede alguno decirme que otros cambios han sido causados por el Consejo desde el final de la guerra?"
"Bueno, la Academia de Cazadores de Sombras ha sido reabierta," dijo Emma. Este era un territorio familiar para ella (ella había sido invitada por el Consejo para ser una de los primeros estudiantes. Había elegido quedarse con los Blackthorn, sin embargo.) "Muchos Cazadores de Sombras son entrenados allí ahora, y por supuesto incorporan muchos aspirantes a Ascender, mundanos que quieren convertirse en Nephilims."
"La Scholomance fue reestablecida," Dijo Julian. Sus rizos, oscuros y brillantes, cayeron sobre su mejilla mientas levantaba la cabeza. "Existía antes de que se firmara el primer Acuerdo, y cuando el Consejo fue traicionado por las hadas, insistieron en abrirla de nuevo. La Scholomance busca, entrena Centuriones..."
"Piensa en lo que debe haber estado la Scholomance durante todos los años que estaba cerrada," Dijo Dru, sus ojos brillando con el deleite de una película de terror. "Camino arriba en la montaña, totalmente abandonada y oscura, llena de arañas y fantasmas y sombras..."
"Si quieres pensar sobre algún lugar aterrador, piensa en la Ciudad de Hueso," dijo Livvy. La Ciudad de Hueso era el lugar donde vivían los Hermanos Silenciosos: Era un lugar bajo tierra situado en unos túneles interconectados construidos con las cenizas de los Cazadores de Sombras fallecidos.
"Me gustaría ir a la Scholomance," interrumpió Ty.
"A mi no" dijo Livvy. "Los Centuriones no tienen permitido tener parabatai."
"Me gustaría ir igualmente," dijo Ty. "Tu también podrías venir si quisieras."
"Yo no quiero ir a la Scholomance," dijo Livvy. "Está en el medio de las Montañas de los Cárpatos. Hace mucho frío allí, y hay osos."
La cara de Ty se iluminó como siempre lo hacía ante la mención de animales. "¿Hay osos?"
"Suficiente cháchara," dijo Diana. "¿Cuando fue reabierta la Scholomance?"
Cristina, quien tenía el sitio más cercano a la ventana, levantó la mano para interrumpir. "Alguien está subiendo el camino frente a la puerta," dijo. "Varios alguien, en realidad."$
Emma miró a Jules de nuevo. Era raro que una persona sin visita programada apareciera por el instituto. Solo había unas pocas personas que podrían, e incluso muchos del os miembros del Cónclave habría concertado una cita con Arthur. Entonces de nuevo, a lo mejor alguien tenía una cita con Arthur. Aunque por la mirada en la cara de Julian, si la tuvieran, era alguien de el que él no sabía.
Cristina, que se había levantado, tomó aliento. "Por favor," dijo. "venid a ver."
Todo el mundo se giró hacia la larga ventana que recorría el muro principal de la sala. La misma ventana miró fuera hacia la parte frontal del instituto y el sinuoso camino que conducía desde las puertas hacia la carretera que les separaba de la playa y el mar. El cielo estaba alto y azul y sin nubes. La luz del sol brilló en las bridas de plata de los tres caballos, cada uno con un silencioso jinete sentado sobre su espalda desnuda.
"Hadas," dijo Cristina, el mundo emergiendo en un ritmo staccato de asombro. "Hadas."
Era innegable el caso. El primer caballo era negro, y el jinete que estaba sentado en él llevaba un armadura negra que parecía como hojas quemadas. El segundo caballo era negro también, y el jinete que iba sentado sobre él llevaba una túnica de color marfil. El tercer caballo era marrón, y su jinete iba envuelto de la cabeza a los pies en una túnica encapuchada del color de la tierra. Emma no podría decir si era un hombre o una mujer, o un niño o un adulto.
"Así primero deja pasar a los caballos negros y luego deja pasar al caballo marrón," murmuró Jules, citando un antiguo poema de las hadas. "Uno vestido de negro, uno de marrón, uno de blanco -es una delegación oficial. De las Cortes" Julian miró a través de la habitación a Diana. "No sabía que Arthur tenía una reunión con una delegación de las Hadas. ¿Crees que se lo dijo a la Clave?"
Ella negó con la cabeza, claramente perpleja. "No lo sabía. Nunca me lo mencionó."
El cuerpo de Julian estaba tenso como la cuerda de un arco; Emma podía sentir la tensión emanar de él. Una delegación de las Hadas era un asunto serio y raro. El permiso de la Clave tenía que ser garantizada antes de que la reunión pudiera celebrarse. Incluso para el cabeza de un instituto. "Diana, tengo que ir."
Ceñuda, Diana golpeó su estela contra una mano, entonces asintió. "Bien, Adelante."
"Iré contigo." Emma se bajó del asiento de la ventana.
Julian, ya encaminado hacia la puerta, paró y se volvió. "No." dijo. "Está bien. Me encargaré de ello."
Él salió fuera de la sala. Por un momento Emma no se movió.
Normalmente si Julian le dijera que no la necesitaba con él, o que él tenía que hacer algo solo, ella no lo habría pensado dos veces. Algunas veces los eventos requerían división.
Pero la noche antes había solidificado su sentimiento de inquietud. Ella no sabía que estaba pasando con Jules. No sabía si él no la quería con él, o si sí pero estaba enfadado con ella o enfadado con él mismo o con ambos.
Ella solo sabía que el pueblo Hada era peligroso, y de ninguna manera Julian les iba a enfrentar solo.
"Yo voy," dijo, y se dirigió hacia la puerta. Paró para descolgar a Cortana, la cual colgaba a su lado.
"Emma," dijo Diana, su voz cargada de significado. "Ten cuidado."
La última vez que las Hadas habían estado en el instituto, habían ayudado a Sebastian Morgenstern a arrancar el alma del cuerpo del padre de Julian. Se habían llevado a Mark.
Emma había puesto a Tavvy y Dru a salvo. Ella había ayudado a salvar las vidas de los hermanos y hermanas más jóvenes de Julian. Apenas habían escapado vivos.
Pero Emma no había tenido años de entrenamiento entonces. Ella no había matado a un solo demonio por si misma, no cuando tenía doce años. Ella no había pasado años entrenando para luchar y matar y defender.
De ninguna manera se iba a echar atrás ahora.
***
Hadas.
Julian corrió pasillo abajo y entró en su habitación, su mente dando vueltas.
Hadas a las puertas del instituto. Tres corceles: dos negros, uno marrón. Un contingente de la Corte de las Hadas, Seelie o Unseelie. Julian no podría decirlo. Parecían haber estado volando sin bandera.
Querrían hablar. Si había cualquier cosa en lo que las hadas eran buenas, era dando vueltas al tema alrededor de los humanos. Incluso Cazadores de Sombras. Podrían penetrar la verdad de la mentira, y ver la mentira en el corazón de una verdad.
Agarró la chaqueta que había estado llevando el día antes. Allí estaba, en el interior del bolsillo. El vial que Malcolm le había dado. No había esperado necesitarlo tan pronto. Había esperado...
Bueno, no importa lo que había esperado. Pensó en Emma, brevemente, y el caos de esperanzas rotas que ella representaba. Pero ahora no era tiempo para pensar sobre eso. Agarrando el vial, Julian echo a correr de nuevo. Alcanzó el final del pasillo y abrió la puerta del ático. Pisoteó las escaleras e irrumpió en el estudio de su tío.
El tío Arthur estaba sentado a sus escritorio, llevando una camiseta ligeramente arrugada, vaqueros y mocasines. Su pelo marrón grisaceo colgaba sobre los hombros. El estaba comparando dos libros macizos, murmurando y tomando notas.
"Tío Arthur." Julian se aproximó al escritorio."¡Tío Arthur!"
El tio Arthur hizo un gesto de espanto hacia él. "Estoy en el medio de algo importante. Algo muy importante, Andrew."
"Soy Julian." Se movió detrás de su tío, y cerró de golpe ambos libros.
Arhur levantó la mirada hacia él sorprendido, sus descoloridos ojos azul verdosos ensanchándose.
"Hay una delegación aquí. De las Hadas. ¿Sabías que venían?"
Arthur pareció encogerse en si mismo. "si," dijo. "Enviaron mensajes -muchos mensajes," Agitó su cabeza. "Pero ¿Por qué? Está prohibido. Hadas, ellos -ellos no pueden contactarnos ahora."
Julian rezó en silencio por paciencia. "Los mensajes, ¿donde están los mensajes?"
"Fueron escritos en hojas," dijo Arthur. "las hojas se desmenuzan. Como todo lo que tocan las hadas se desmenuza, marchita y muere."
"Pero ¿Que decían los mensajes?"
"Ellos insistieron. En una reunión."
Julian respiró hondo. "¿Sabes sobre que es la reunión, tio Arthur?"
"Estoy seguro de que lo mencionaron en su correspondencia..." dijo tio Arthur nervioso. "Pero no puedo recordarlo." El miró a Julian. "A lo mejor Nerissa lo sabría."
Julian se tensó. Narissa había sido la madre de Mark y Helen. Julian sabía poco de ella -una princesa de la alta burguesía, había sido preciosa, de acuerdo con las historias de Helen, e implacable. Ella llevaba muerta años, y en sus días buenos, Arthur lo sabía.
Arthur tenía diferentes tipos de días: días tranquilos, donde se sentaba silenciosamente sin responder preguntas, y días oscuros, donde estaba enfadado, deprimido, y a veces cruel. Mencionar la muerte no significa un día oscuro o un día tranquilo, pero el peor tipo, era un día caótico, un día cuando Arthur no haría nada que Julian se esperara -cuando podía arremeter en la ira o deshacerse en lágrimas. El tipo de día que trajo el amargo sabor del pánico a la parte trasera dela garganta de Julian.
El tío de Julian no había sido siempre de esta forma. Julian le recordaba como un tranquilo y casi silencioso hombre, una figura sombría rara vez presente en las vacaciones familiares. Había sido una presencia suficientemente articulada en el Salón de los Acuerdos cuando había alzado la voz para decir que aceptaría la dirección del Instituto. Nadie que no lo conociera muy, muy bien habría sabido alguna vez que algo estaba mal.
Julian sabía que su padre y Arthur habían sido retenidos prisioneros en el Reino de las Hadas. Que Andrew se había enamorado de Lady Nerissa, y tenido dos niños con ella: Mark y Helen. Pero lo que había pasado con Arthur durante esos años estaba tapado en la sombra. Su locura, como la clave lo habría determinado, era para la mente de Julian una cosa de hadas. Si ellos no habían destruido su salud mental, habían plantado las semillas de su destrucción. Habían hecho de su mente un frágil castillo, así que años más tarde, cuando el instituto de Londres fue atacado y Arthur herido, se rompió como el cristal.
Julian puso su mano sobre el hombro de Arthur. La mano de su tío era delgada y huesuda; parecía la mano de un hombre mucho más anciano. "Desearía que no tuvieras que ir a la reunión. Pero sospecharán si no lo haces."
Arthur se quitó las gafas y se frotó el puente de la nariz. "Mi monograf..:"
"Lo sé," dijo Julian. "Es importante. Pero esto también es importante. No solo por la Paz fría, sino por nosotros. Por Helen. Por Mark."
"¿Recuerdas a Mark?" dijo Arthur. Sus ojos eran más brillantes sin las gafas. "fue hace tanto tiempo."
"No tanto tiempo, tío." dijo Julian. "Le recuerdo perfectamente."
"Parece que fue ayer." Arthur se estremeció. "recuerdo que los guerreros del pueblo hada. Entraron en el instituto de Londres con sus armaduras cubiertas de sangre. tanta como si hubieran estado las lineas de los Aqueos cuando Zeus hizo que lloviera sangre."
"Tienes que ir." dijo Julian. Pensó en todo lo que no había dicho: que él mismo había sido un niño durante la Guerra Oscura, que había visto hadas sacrificar niños, oído sus gritos en la Caza Salvaje. Pero no dijo nada de ello. "Tío, debes."
"Si tuviera mi medicación...," dijo Arthur débilmente. "Pero salí corriendo mientras estabas fuera."
"Lo tengo." de su bolsillo, Julian sacó el vial. "Deberías haberle pedido a Malcolm más."
"No lo recordé." Arthur deslizó las gafas de vuelta sobre su nariz, mirando mientras Julian inclinaba el contenido del vial en un baso de agua en el escritorio. "como encontrarle... en quien confiar."
"Puedes confiar en mi," Dijo Julian, casi atragantándose con las palabras, y sujetó el vaso hacia su tío. "Aquí. Sabes como son la gente Hada. Se alimentan del malestar de la gente y se aprovechan de el. Esto te ayudará a permanecer calmado, incluso si intentan engañarte."
"si." Arthur miró el vaso, medio hambriento y medio asustado. El contenido haría efecto en él durante una hora, quizá menos. Después tendría un cegador y atroz dolor de cabeza que lo podría tener en la cama durante días. Julian raramente se lo daba: el efecto secundario rara vez valía la pena, pero la valdría ahora. Tenía que valerla.
Tío Arthur dudó. lentamente levantó el baso a su boca, inclinó el agua dentro. Despacio tragó.
El efecto fue instantáneo. De repente todo sobre Arthur pareció agudizarse, para volverse nítido, claro y preciso, como un boceto que ha sido redefinido en un cuidadoso dibujo. se levantó sobre sus pies y alcanzó la chaqueta que colgaba en una percha al lado del escritorio. "Ayúdame a encontrar alguna ropa para cambiarme, Julian," dijo. "Debemos mostrar una apariencia decente en el Santuario."
***
Todo Instituto tenía un Santuario.
Siempre ha sido así. El Instituto era una mezcla entre ayuntamiento y residencia, un lugar donde Cazadores de sombras y Subterráneos por igual se reúnen con la cabeza del instituto. El cabeza era el representante local de la Clave. En todo el Sur de California, no había un cabeza de Instituto más importante que el cabeza del Instituto de Los Angeles. Y el lugar más seguro para reunirse con él era el Santuario, donde vampiros no necesitaban temer a un suelo sagrado, y Subterráneos estaban protegidos por juramentos.
El santuario tenía dos juegos de puertas. Una llevaba a fuera, y podía ser atravesada por cualquiera, los cuales se encontrarían a si mismos dentro de una enorme sala de piedra. El otro juego de puertas conectaba con el interior del Instituto con el Santuario. Como la puerta principal del Instituto, las puertas interiores del Santuario cedía solo ante aquellos con sangre de Cazadores de sombras.
Emma paró en el descansillo de las escaleras y miró fuera por la ventana a la delegación de gente Hada. Ella había visto esos caballos, sin jinete, esperando cerca de las escaleras principales. Si la gente Hada de la delegación tenía experiencia con Cazadores de Sombras, y seguramente la tenían, entonces ya estarían dentro del Santuario.
Las puertas interiores que daban al Santuario estaban al final de un pasillo que conducía hacia el lado contrario de la entrada principal del instituto. Estaban hechas de metal cobrizo que hacía tiempo se había vuelto verde con verdigris, y runas de protección y los bienvenidos atraviesan el marco de las puertas como enredaderas.
Emma podía oír voces desde el otro lado de las puertas: voces desconocidas, una clara como el agua, una rasposa como el crujido de una rama rompiéndose bajo el pie. Apretó su agarre sobre Cortana y empujo la entrada.
El mismo Santuario fue construido en forma de luna creciente, de cara a las montañas -el cañón sombrío, el rasguño cicatrizado verde plateado que cruzaba el paisaje. Las montañas bloqueaban el sol, pero la habitación era brillante, gracias a la lámpara de araña que colgaba del techo. La luz pasaba el cristal tallado e iluminaba el tablero de ajedrez que era el suelo: cuadros intercalados de oscura y brillante madera. Si escalaras en la lampara de araña y miraras hacia abajo, se revelarían a si mismas como la forma de la runa del Poder del Ángel.
No es como si Emma fuera a admitir que había hecho eso. Aunque una vez hecho consiguió una excelente vista de la enorme silla de piedra del cabeza del Instituto desde ese angulo.
En el centro de la sala estaba las hadas. Solo estaban dos de ellos, el de la túnica blanca y el de de la armadura negra. No podía ver por ningún lado al jinete marrón. Ninguna de sus caras estaba a la vista. Ella podía verles las yemas de los dedos, manos pálidas extendiéndose más allá de sus mangas pero no podría decir si eran femeninas o masculinas.
Emma podía sentir un salvaje, pesado poder emanando de ellos, el borde entrecortado de otro mundo. Un sentimiento como si el frescor húmedo de la tierra mojada acariciara su piel, llevando el olor de raíces, hojas y flores de Jacaranda.
El hada de negro se rió y bajó su capucha. Emma se encendió. Piel del color de las hojas verde oscuro, manos con garra, ojos de búho amarillo. Llevaba una capa, tejida con patrones de un árbol de Serbal.
Era el hada que había visto en el Sepulcro la otra noche.
"Nos encontramos de nuevo, hermosa mía," dijo, y su boca, que era como un resquicio en el tronco de un árbol, sonrió. "Soy Iarlath de la Corte Unseelie. Mi compañero de blanco es Kieran de la Caza. Kieran, baja tu capucha."
El otro hada deslizó dos esbeltas manos , cada una de ellas apuntada por unas casi traslucidas y cuadradas uñas. Él sujetó los bordes de su capa y tiró hacia atrás con un imperioso, casi rebelde gesto.
Emma suprimió una inhalación. Era hermoso. No hermoso como lo era Julian, o Cristina -en su manera humana. pero como el borde cortante de Cortana. Parecía joven, de no más de dieciséis o diecisiete años, aunque supuso que era mayor que eso. Pelo negro con un debil brillo azul enmarcaba una cara esculpida. Su luminosa túnica y pantalones desgastados y descoloridos; habían sido elegantes una vez, pero ahora las mangas y dobladillos eran ligeramente demasiado cortos en un ágil y agraciado cuerpo. En sus ojos ampliamente separados había dos colores: el izquierdo negro y el derecho un profundo plateado. Llevaba guantes blancos estropeados que lo delataban como un príncipe de las Hadas, pero sus ojos -sus ojos decían que era parte de la Caza Salvaje.
"¿Esto es por lo de la otra noche?" dijo Emma, mirando de Iarlath a Kieran. "¿en el Sepulcro?"
"En parte," dijo Iarlath. Su voz sonaba como ramas crujiendo en el viento. Como las oscuras profundidades de los bosques de cuentos de hada, donde solo vivían los monstruos. Emma se preguntó porque no lo había notado en el bar.
"¿Es esta la chica?" la voz de Kieran era muy diferente: Sonaba como olas deslizándose por la playa. Como agua caliente bajo la palida luz. Era seductora, con un borde de frialdad. Miró a Emma como si fuera una nueva especia de flor, una que no estaba seguro que le gustara. "Es muy guapa," dijo. "No creía que fuera guapa. No lo mencionaste."
Iarlath se encogió de hombros. "Siempre has sido partidario de las rubias," dijo.
"Vale, ¿en serio?" Emma chasqueó sus dedos. "Estoy justo aquí. Y no me había dado cuenta que estaba siendo invitada a una partida de '¿Quien es el más buenorro?'"
"Yo no me había dado cuenta de que estabas invitada," dijo Kieran. Su discurso tenía un matíz casual, como si estuviera acostumbrado a hablar con humanos.
"Maleducado," dijo Emma. "Esta es mi casa. Y ¿Que estáis haciendo aquí, de todos modos? ¿Habéis venido para decirme que él" -apuntó a Iarlath- "no es responsable del asesinato del Sepulcro? Porque parece que os habéis desviado mucho del camino solo para decir que el no lo hizo."
"Por supuesto que no lo hice," espetó Iarlath. "No seas ridícula."
Bajo cualquier otra circunstancia, Emma habría disculpado ese comentario.
Las hadas, sin embargo, no podían mentir. No los de sangre cien por cien hada. Los medio Hada, como Mark y Helen, podían decir mentiras, pero eran raros.
Emma cruzó sus brazos sobre su pecho. "Repite conmigo: 'Yo no asesiné a la victima de la que hablas, Emma Carstairs,'" dijo. "Así sabré que es verdad"
Los ojos amarillos de Iarlath se fijaron en Emma con disgusto. "Yo no asesiné a la víctima de la que hablas, Emma Carstairs."
"¿Entonces por qué estáis aquí?" preguntó Emma. "oh, es este uno de esas cosas del contacto perdido? nos conocimos la otra noche, ¿sentiste mariposas? Lo siento, pero no salgo con árboles."
"No soy un árbol." Iarlath parecía enfadado, su corteza ligeramente descascarillada.
"Emma," dijo una voz en tono de advertencia desde la puerta.
Para la sorpresa de Emma, era Arthur Blackthorn. Estaba en la entrada del Santuario llevando un sombrío y oscuro traje, el pelo bien peinado hacia atrás. La vista le dio a Emma una sacudida; ha pasado mucho tiempo desde que le vio vestido con algo mas que no fuera su túnica harapienta o los viejos pantalones manchados de café.
De pie a su lado estaba Julian, su pelo marrón desaliñado. Ella buscó en su rostro signos de enfado pero no vio nada -en realidad, lucía como alguien que acabara de correr una maratón, y estaba sosteniéndose a si mismo para no doblarse de cansancio y alivio.
"Mis disculpas por el comportamiento de mi pupila," dijo Arthur, entrando a zancadas en la sala. "aunque no está prohibido discutir en el Santuario, va en contra del espíritu del lugar." Él se hundió en la enorme silla de piedra bajo la lámpara de araña. " Soy Arthut Blackthorn. Este es mi sobrino Julian Blackthorn." Julian, quien se había avanzado para pararse al lado del sitio de Arthur, inclinó su cabeza hacia Kieran y Iarlath presentados por si mismos. "Ahora, por favor decirnos porqué estáis aquí."
El convoy hada intercambio miradas. "¿Qué?" dijo Kieran, "¿no hay palabras sobre la Paz fría o sobre como las visitas van en contra de la ley?"
"Mi tío no administra la Paz fría," dijo Julian. "Y no es lo que deseamos discutir. Conocéis las reglas tan bien como nosotros; Si habéis elegido romperlas, debe de haber una razón importante. Si no deseáis compartir la información, mi tío tendrá que pediros que os marchéis."
Kieran miraba altivo. "Muy bien," dijo. "Hemos venido a pedir un favor."
"¿Un favor?" dijo Emma con asombro. La norma de la Paz fría era clara: Los Cazadores de Sombras no estaban para ayudar a cualquiera de la Corte Seelie o Unseelie. Los representantes de la Corte nunca aparecieron para firmar el tratado de los Nephilim; lo habían despreciado, y este era su castigo.
"A lo mejor estáis confusos," dijo Arthur fríamente. "Debéis haber oído de mi sobrina y sobrino; debéis pensar que porque nuestros parientes Mark y Helen tienen sangre de hada vosotros encontraréis aquí una audiencia más amable que la que encontraréis en otros institutos. Pero mi sobrina fue desterrada por culpa de la Paz fría, y mi sobrino fue alejado de nosotros."
Los labios de Kieran se curvaron en la esquina. "El exilio de tu sobrina fue un decreto de los Cazadores de sombras, no de las hadas," dijo. "En cuanto a tu sobrino..."
Arthur tomó un tembloroso aliento. Sus manos estaban clavadas los reposa brazos de la silla. "La mano del Cónsul fue forzada por la traición de la Reina Seelie. Los guerreros Unseelie lucharon al lado de ella. Ninguna mano de las hadas está libre de sangre. No somos predispuestos hacia las hadas aquí."
"La Paz fría no fue lo que se alejó a Mark de nosotros," dijo Julian, sus mejillas ardiendo de color. "Fuisteis vosotros. La Caza Salvaje. Podemos ver por vuestros ojos que vosotros viajáis con Gwyn, no lo neguéis."
"Oh," dijo Kieran con una leve sonrisa en sus labios. "No negaría eso."
Emma se preguntó si alguien más oyó a Julian contener la respiración. "Así que conocéis a mi hermano."
La sonrisa nunca dejó la cara de Kieran. "Por supuesto que si."
Julian parecía como si a penas pudiera reprimirse a si mismo. "¿Qué sabéis sobre Mark?"
"¿Que es esta pretensión de sorpresa?" preguntó Iarlath. "Es una tontería. Mencionamos a Mark de la Caza en la carta que mandamos."
Emma vio la expresión en la cara de Julian, un destello de shock. Ella avanzó hacia adelante rápidamente, no queriendo que fuera él el que tuviera que preguntar. "¿Que carta?"
"Fue escrita en una hoja," dijo Arthur. "Una hoja que se desmenuzó." Él estaba sudando; tomó su pañuelo del bolsillo de su pecho y se limpió la frente. "Había palabras en ella sobre asesinatos. Sobre Mark. No creí que fuera real. era..."
Julian dio un paso hacia adelante, sacando parcialmente a su tío de la vista. "¿Asesinatos?"
Kieran miró a Julian, y a sus ojos bicolor oscurecidos. Emma sintió la incómoda sensación de que Kieran pensaba que sabía algo sobre su parabatai, algo que ella misma no sabía. "Tu sabes sobre los asesinatos," dijo. "Emma Carstairs encontró uno de los cuerpos. Sabemos que estáis al tanto de que ha habido otros."
"¿Por qué os importa?" dijo Julian. "Las Hadas normalmente no se envuelven en derramamientos de sangre en el mundo humano."
"Lo hacemos si la sangre derramada es de hada," dijo Kieran. Miró alrededor a la sorpresa en sus caras. "Como sabéis, el asesino ha estado matando y mutilando hadas, también. Por eso Iarlath estaba en el Sepulcro. Por eso Emma Carstairs le encontró. Estabais cazando a la misma presa."
Iarlath introdujo la mano en el bolsillo de su túnica y sacó un puñado de mica brillante. La arrojó al aire, donde las partículas colgaron y se separaron, fusionándose en imágenes en tres dimensiones. Imágenes de cuerpos, cuerpos de hadas. nobles hadas de aspecto humano, todos muertos. Todos tenían la piel tallada con las marcas oscuras puntiagudas adornaban el cadáver Emma que había encontrado en el callejón.
Emma se encontró a si misma avanzando inconscientemente, intentando obtener una mejor visión de la ilusión. "¿Que son? ¿Fotografías mágicas?"
"Recuerdos, preservados con magia," dijo Iarlath.
"Ilusiones," dijo Julian. "Las ilusiones pueden engañar."
Iarlath giró su mano hacia el lado, y las imágenes cambiaron. Emma se encontró de repente mirando al hombre muerto que había encontrado en el callejón tres noches antes. Era exactamente la misma imagen, hasta la mirada retorcida de horror en su rostro. "¿Esto miente?"
Emma miró fijamente a Iarlath. "Así que lo viste. Debiste haberte cruzado con él antes que yo. Me lo preguntaba."
Iarlath cerró su mano, y los brillantes pedazos de mica cayeron al suelo como gotas de lluvia, la ilusión desvaneciéndose. "Lo hice, Él ya estaba muerto. No podría haberle ayudado. Le dejé para que tu le encontraras."
Emma no dijo nada. Era bastante evidente por la imagen que Iarlath estaba diciendo la verdad.
Y las hadas no mentían.
"Cazadores de sombras han sido asesinados también, lo sabemos," dijo Kieran.
"Cazadores de sombras son asesinados a menudo," dijo el tío Arthur. "No hay un lugar seguro."
"No es para tanto," dijo Kieran. "Hay protección donde hay protectores."
"Mis padres," dijo Emma, ignorando a Julian, quien estaba agitando su cabeza hacia ella, como si quisiera decir, No se lo digas, no lo compartas, no les des nada. Ella sabía que probablemente él tenía razón -estaba en la naturaleza de las hadas tomar tus secretos y volverlos en tu contra. Pero si había una oportunidad, por pequeña que fuera de que supieran algo..."Sus cuerpos fueron encontrados con esas mismas marcas en ellos, hace cinco años. Cuando los Cazadores de Sombras intentaron moverlos, se deshicieron en cenizas. La única razón de que sepa sobre las marcas, es que los Cazadores de Sombras hicieron fotos primero."
Kieran la miró con ojos brillantes. De ninguna manera parecía muy humano: El ojo negro era mesiado oscuro, el plateado demasiado metálico. Y aún así el efecto conjunto era cautivadoramente, inhumanamente hermoso. "Sabemos lo de tus padres," dijo. "Sabemos de su muerte. Conocemos el lenguaje demoníaco con el cuál sus cuerpos fueron inscritos."
"Mutilados," Dijo Emma, su aliento atrapado, y sintió los ojos de Julian sobre ella, un recordatorio de que él estaba allí, un apoyo silencioso. "Desfigurados. No inscritos."
La expresión de Kieran no cambió. "Entendemos muy bien que has intentado durante años traducir o entender las marcas, sin éxito. Podemos ayudarte a cambiar eso."
"¿Que estás diciendo, exactamente?" Exigió Julian. Sus ojos estaban en guardia; toda su postura lo estaba. La tensión de su cuerpo mantenía a Emma sin estallar en preguntas.
"Los estudiosos de la Corte Unseelie han estudiado las marcas," dijo Iarlath. "Parece un lenguaje antiguo de las hadas. Uno mucho anterior a vuestra memoria humana. Antes de que hubiera Nephilim."
"Cuando las hadas eran más cercanas a sus ancestros demoníacos," dijo Arthur con voz ronca.
Los labios de Kieran se curvaron como si Arthur hubiera dicho algo desagradable. "Nuestros estudiosos empezaron a traducirlo," dijo. Sacó varias hojas de fino pergamino -como papel- de su capa. Emma reconoció en ellos las marcas que eran tan familiares para ella. Bajo las marcas había mas palabras, escritas en una delgada caligrafía.
El corazón de Emma empezó a palpitar.
"Tradujeron la primera línea," dijo. "Aparenta ser, a lo mejor ,parte de un hechizo. Ahí es donde nuestro conocimiento falla, nosotros, el pueblo de las Hadas no lidiamos con hechizos; eso es territorio de los brujos,"
"¿Tradujisteis la primera línea?" Estalló Emma. "¿Que és?"
"Te lo diremos," dijo Iarlath, "y te daremos todo aquello que nuestros estudiosos hallan conseguido, si te comprometes con nuestros términos."
Julian les miró con sospecha. "¿Por qué traduciríais solo la primera línea? ¿Por qué no el texto entero?"
"Los estudiosos apenas habían descifrado el significado de la primera línea cuando el Rey Unseelie les prohibió continuar," dijo Kieran. "La magia de este hechizo es oscura, de origen demoníaco. El no la quería despierta en el Reino de las Hadas."
"Podríais haber continuado el trabajo vosotros mismos," dijo Emma.
"Todas las hadas tienen prohibido por orden del Rey tocar esas palabras," espetó Iarlath. "Pero eso no significa que nuestra implicación termina. Creemos que este texto, esas marcas, pueden ayudar a llevaros hasta el asesino, una vez sean entendidas."
"Y vosotros queréis que traduzcamos el resto de las marcas?" Dijo Julian. "¿Utilizando la linea en la que habéis trabajado como una clave?"
"Más que eso," dijo Iarlath, "La traducción es solo el primer paso. Os conducirá hasta el asesino. Una vez que encontréis a esa persona, les devolveréis al Rey Unseelie quien les podrá juzgar por el asesinato de las hadas y recibir justicia."
"¿Queréis que dirijamos una investigación en vuestro beneficio?" Espetó Julian. "Somos Cazadores de Sombras. Estamos atados por la Paz fría, tal como vosotros. Nos está prohibido ayudar al Reino de las Hadas, nos está prohibido incluso teneros aquí. Sabéis lo que estaríamos arriesgando. ¿Como os atrevéis a pedirlo?"
Había ira en la voz de Julian -Ira desproporcionada con la sugerencia, pero Emma no podía culparlo. Ella sabía lo que él veía cuando miraba a las hadas, especialmente hadas con ojos rotos de la Caza Salvaje. Él vio los fríos desechos de Wrangel Island. Vio la habitación vacía del Instituto donde ya no estaba Mark.
"No es solo su investigación," dijo Emma tranquilamente. "Es mía, también. Tiene que ver con mis padres."
"Lo sé," dijo Julian, su enfado ya no estaba. Había dolor en su voz, en su lugar. "Pero no de esta forma, Emma..."
"¿Por qué venir aquí?" interrumpió Arthur, pareciendo dolido, su cara gris. "¿Por qué no un brujo?"
La bella cara de Kieran se torció. "No podemos consultar a un brujo," dijo. "Ninguno de los hijos de Lilith trataría con nosotros. La Paz fría nos ha dejado bajo el rechazo de otros Subterráneos. Pero vosotros podéis visitar al Gran Brujo Malcolm Fade, o el mismo Magnus Bane, y pedir una respuesta a vuestra pregunta. Nosotros estamos atados, pero vosotros..." Pronunció la palabra con desprecio. "Vosotros sois libres."
"Habéis venido a ver a la familia equivocada," Dijo Arthur. "Nos estas pidiendo que infrinjamos la ley por vosotros, como si tuviéramos alguna consideración especial por el Reino de las Hadas. Pero los Blackthorns no han olvidado lo que nos quitasteis."
"No," dijo Emma. "Necesitamos esos papeles, necesitamos..."
"Emma." La mirada de Arthur era afilada. "Basta."
"Emma bajó la mirada, pero su sangre cantaba en sus venas, una determinada melodía de rebelión. Si las hadas se iban y se llevaban los papeles con ellos, ella encontraría una forma de rastrearlos, de recuperar la información, de averiguar lo que tenía que averiguar. De alguna manera. Incluso si el Instituto no podía arriesgarse, ella podía.
Iarlath miró a Arthur. "No creo que desees tomar una decisión tan apresurada."
Arthur apretó la mandíbula. ¿Por qué me cuestionas a posteriori, vecino?"
Los buenos vecinos. Un viejo, viejo término para el pueblo hada. fue Kieran quién replicó: "Porque tenemos algo que vosotros queréis sobre todas las cosas. Y si nos ayudáis, estamos dispuestos a dároslo."
Julian palideció. Emma, mirándolo fijamente, estaba demasiado atrapada en su reacción para darse cuenta por si misma de lo que ellos estaban insinuando. Cuando lo hizo, su corazón dió un latido irregular dentro de su pecho.
"¿Que es esto?" susurró Julian. ¿Que tenéis que nosotros queremos?"
"Oh, venga," dijo Kieran. "¿Tu que crees?"
La puerta del Santuario, la que iba hacia afuera del Instituto, se abrió, y el hada vestido de marrón entró. Se movió con gracia en silencio, sin dudas ni miedo -sin nada humano en sus movimientos en absoluto. Entrando en el patrón de la runa angelical en el suelo, vino a pararse. La habitación estaba completamente silenciosa mientras él levantaba las manos a su capucha y -por primera vez- dudó.
Sus manos eran humanas, largos dedos, de pálido marrón bronceado.
Familiar.
Emma no respiraba. No podía respirar. Julian parecía como si estuviera en un sueño. La cara de Arthur estaba blanca, confusa.
"Baja tu capucha, chico." dijo Iarlath. "Enseña tu cara."
Las manos familiares agarraron la capa y la bajaron. Empujando, después apartando la capa de sus hombros, como si el material del que estaba hecha se pegara desagradablemente. Emma vio el destello de un largo, ágil cuerpo, de un pálido pelo, de unas manos delgadas, mientras la capa fue descartada lejos y se deslizó hasta el suelo en un charco oscuro.
Un chico permanecía en el corazón de la runa, jadeando. Un chico que parecía tener sobre diecisiete años, con pelo rubio que se rizaba como enredaderas de acanto, enredado con ramas y zarzas, colgando de sus hombros. Sus ojos mostraban el roto duplicado de la Caza Salvaje: dos colores -uno dorado, uno azul Blackthorn. Sus pies estaban desnudos, negros de la suciedad, su ropa rasgada y harapienta.
Una oleada de vertido atravesó a Emma junto a una mezcla terrible de alivio y asombro. Julian se había tensado, como si le hubiera dado una descarga eléctrica. Ella vio el ligero estrechamiento de su mandíbula, la contracción nerviosa del músculo de su mejilla. No abrió la boca; fue Arthur quien habló, medio levantado de su silla, con un hilo de voz llena de incertidumbre:
"¿Mark?"
***
Los ojos de Mark se ampliaron con confusión. Abrió la boca para responder. Iarlath se giró hacia él. "Mark Blackthorn de la Caza Salvaje," espetó. "No hables hasta que te den permiso para hablar."
Los labios de Mark se cerraron de golpe. Su rostro aún quieto.
"Y tu," dijo Kieran, sosteniendo una mano levantada mientras Julian empezaba a avanzar, "quédate donde estás."
"¿Que le habéis hecho?" los ojos de Julian brillaron. "¿Que le habéis hecho a mi hermano?"
"Mark pertenece a la Caza Salvaje," dijo Iarlath. "Si elegimos cedértelo, será bajo nuestras condiciones."
Arthur se había sentado de nuevo en la silla detrás de él. Parpadeaba como un búho y miraba de Mark a los huéspedes hada. El color gris era negro en su cara. "La muerte se levanta y la pérdida vuelve," dijo. "Deberíamos enarbolar banderas azules desde lo alto de las torres."
Kieran parecía fríamente perplejo. "¿Por qué dice eso?"
Julian miró de Arthur a Mark a los otros dos hadas. "Está en shock," dijo. "Su salud es frágil; ha sido así desde la guerra."
"Es de un antiguo poema de los Cazadores de Sombras," dijo Emma. "Me sorprende que no lo conozcáis."
"Los poemas contienen mucha verdad," dijo Iarlath, y había humor en su voz, pero una pizca de amargura. Emma se preguntó si se estaba riendo de ellos o de él mismo.
Julian estaba mirando fijamente a Mark, una mirada en su cara de absoluto shock y anhelo. "¿Mark?" dijo.
Mark apartó la mirada.
Julian parecía como si hubiera sido traspasado por tornillos elfos, las flechas escondidas de hadas que se introducen bajo la piel y liberan veneno mortal, Cualquier enfado que Emma hubiera sentido hacia él sobre la noche anterior se evaporó. La mirada en su cara era como hojas de cuchillo en su corazón. "Mark," dijo de nuevo, y entonces medio susurrando, "¿Por qué? ¿Por que no puede hablarme?"
"Tiene prohibido por Gwyn hablar hasta que nuestra negociación esté sellada," dijo Kieran. Miró a Mark, y había algo frío en su expresión. ¿odio? ¿envidia? ¿Despreciaba a Mark por ser medio humano? ¿lo hacían todos? ¿Como habían mostrado su odio todos estos años, cuando Mark estaba su merced?
Emma podía sentir cuan duro se estaba reprimiendo Julian de ir con su hermano. Ella habló por él. "Así que Mark es vuestra moneda de cambio."
La ira cruzó la cara de Kieran en un parpadeo, repentina y sorprendentemente. "¿Por qué tienes que señalar cosas que son obvias? ¿Por qué todos los humanos tienen que hacerlo? Chica absurda..."
Julian cambió; su atención se alejó de Mark, su columna vertebral enderezándose, su voz endureciéndose. Sonaba calmado, pero Emma, que le conocía tan bien, podía oír el hielo en su voz. "Emma es mi parabatai," dijo. "Si alguna vez le vuelves a hablar así, se derramará sangre sobre el suelo del Santuario, y no me importa si me condenan a muerte por ello."
Los hermosos y extraterrestres ojos de Kieran brillaron. "Vosotros los Nephilim sois leales a vuestros compañeros, te reconoceré eso." agitó una mano desdeñosa. "Supongo que Mark es nuestra moneda de cambio, como tu has dicho, pero no olvides que es culpa de los Nephilim que necesitemos una. Hubo un tiempo cuando los Cazadores de Sombras habrían investigado los asesinatos de nuestra especie por que creían en su mandato de protección más de lo que creían en su odio."
"Hubo un tiempo cuando el Reino de las Hadas nos habría devuelto a uno de los nuestros libremente," dijo Arthur. "El dolor de la pérdida es mutuo, como lo es la pérdida de confianza."
"Bueno, vais a tener que confiar en nosotros," dijo Kieran. "No os queda otra. ¿no?"
Hubo un largo silencio. La mirada de Julian volvió a su hermano, y en ese momento Emma odió al Reino de las Hadas, por su posesión de Mark, también poseían el humano y quebradizo corazón de Julian. "Así que queréis que encontremos al responsable de esos asesinatos," dijo. "parar los asesinatos de hadas y humanos. ¿Y a cambio nos daréis a Mark, si tenemos éxito?"
"La Corte está preparada para ser mucho más generosa," dijo Kieran. "Os daremos a Mark ahora. Os ayudará en la investigación. Y cuando la investigación acabe, él podrá escoger si quiere permanecer con vosotros o volver a la Caza."
"Nos elegirá," dijo Julian. "Somos su familia."
Los ojos de Kieran brillaron. "No estaría tan seguro, joven Cazador de Sombras. Los de la Caza son leales a la Caza."
"Él no es de la Caza," dijo Emma. "Él es un Blackthorn."
"Su madre, Lady Nerissa, era una hada," dijo Kieran. "Y él ha cabalgado con nosotros, cosechado muertos con nosotros, dominado el uso del tornillo de elfo y flechas. Es un guerrero formidable a la manera de las hadas, pero no es como vosotros. No luchará como vosotros. No es un Nephilim."
"Si, lo es," dijo Julian. "La sangre de Cazadores de Sombras es predominante. Su piel puede llevar marcas. Conocéis la ley."
Kieran no replicó eso, solo miró a Arthur. "Solo el cabeza de Instituto puede decidir eso. Debes dejar a tu tío hablar libremente."
Emma miró a Arthur; todos lo hicieron. Arthur cogió nerviosa e impacientemente el brazo de su silla. "Queréis al chico hada aqui así puede reportarnos a vosotros," dijo finalmente con voz temblorosa. "Él será vuestro espía."
El chico hada. No Mark. Emma miró a Mark, pero si un destello de dolor pasó por su cara de piedra, fue invisible.
"Si deseáramos espiaros, hay maneras más sencillas," dijo Kieran en un tono de frío reproche. "No necesitaríamos daros a Mark -él es uno de nuestros mejores luchadores de la Caza. Gwyn le echará de menos. No será un espía."
Julian se apartó de Emma, cayó de rodillas junto a la silla de su tío. Se inclinó y le susurró a Arthur, y Emma se esforzó por oír lo que estaba diciendo, pero solo pudo entender unas pocas palabras -"hermano" e "investigación" y "asesinato" y "medicina" y "Clave."
Arthur levantó una mano temblorosa, como para silenciar a su sobrino, y se volvió hacia las hadas. "Aceptaremos vuestra oferta," dijo. "Con la condición de que no haya trucos. Al final de la investigación, cuando el asesino sea capturado, Mark tomará su propia y libre decisión de quedarse o marcharse."
"Por supuesto," dijo Iarlath. "Siempre y cuando el asesino sea claramente identificado. Deseamos conocer a aquel con sangre en sus manos -no será suficiente que digáis 'Lo hizo este o aquel' o 'los vampiros fueron los responsables.' El asesino o asesinos serán puestos bajo custodia de las Cortes. Nosotros impartiremos justicia."
No si encuentro al asesino primero, pensó Emma. Os enviaré su cadáver, y será mejor que eso sea suficiente.
"Primero júralo," dijo Julian, sus ojos azul verdosos brillantes y duros. "Dí, 'Juro que cuando los términos de nuestro acuerdo estén cumplidos, Mark Blackthorn tomará su propia y libre decisión tanto si desea ser parte de la Caza como volver a su vida como Nephilim."
La boca de Kieran se contrajo. "Juro que cuando los términos de nuestro acuerdo estén cumplidos, Mark Blackthorn tomará su propia y libre decisión tanto si desea ser parte de la Caza como volver a su vida como Nephilim."
Mark estaba impasible, inmóvil tal y como había estado todo este tiempo, como si ellos no estuvieran discutiendo sobre él, sino sobre alguien más. Parecía como si estuviera mirando a través de los muros del Santuario, mirando al distante océano tal vez, o un lugar incluso mucho más lejano que ese.
"Entonces creo que tenemos un trato," dijo Julian.
Las dos hadas se miraron el uno al otro, y entonces Kieran caminó hacia Mark. Posó sus manos blancas en los hombros de Mark y le dijo algo en un lenguaje gutural que Emma no entendió -No era nada que Diana les hubiera enseñado, no era el alto y acanalado habla de la Corte de las Hadas ni otro lenguaje mágico. Mark no se movió, y Kieran se apartó, sorprendido.
"Él es vuestro por ahora," dijo. "Dejaremos su corcel para él. Se han vuelto...unidos."
"No será capaz de utilizar un caballo," dijo Julian, con voz tensa. "No en Los Angeles."
La sonrisa de Kieran estaba llena de desprecio. "Creo que te darás cuenta de  que él puede utilizar este."
"¡Dios!" Era Arthur, gritando. Se tambaleó hacia adelante, sus manos sujetando su cabeza. "Duele-"
Julian se movió al lado de su tío, buscando agarrar su brazo, pero Arthur le alejó, poniéndose de pie, respirando entrecortadamente. "Debo excusarme," dijo. "Mi dolor de cabeza, Es inaguantable."
Parecía estar horriblemente mal, era verdad. Su piel estaba del color de la creta sucia, el cuello de su camisa pegándose a su gargante por el sudor.
Ambos, Kieran y Iarlath, no dijeron nada. Tampoco lo hizo Mark, quien permaneció balanceandose ciegamente sobre sus pies. El hada observó a Arthur con ávida curiosidad ardiendo en sus ojos. Emma podía leer sus pensamientos. El cabeza del Instituto de Los Angeles. Está débil, enfermo...
Las puertas interiores temblaron, y Diana entró. Parecía fresca y tranquila como siempre. Su oscura mirada registró la escena delante de ella. Su mirada pasó sobre Emma una vez; había fría rabia en ella. "Arthur," dijo. "Te necesitan arriba. Ve. Yo escoltaré al convoy fuera para discutir el trato."
¿Cuanto tiempo estuvo ella ahí fuera espiando? Se preguntó Emma mientras Arthur, luciendo desesperadamente agradecido, pasó cojeando a Diana hacia la puerta. Diana era tan silenciosa como un gato cuando quería.
"¿Se está muriendo?" preguntó Iarlath con algo de curiosidad, su mirada siguiendo a Arthur mientras dejaba el Santuario.
"Somos mortales," dijo Emma. "Enfermamos, envejecemos. No somos como vosotros. Pero no es algo que debiera sorprenderos."
"Basta," dijo Diana. "Os escoltaré del Santuario, pero primero -la traducción." Ella sostuvo hacia afuera una mano morena delgada.
Kieran le entregó los papeles casi transparentes con una irónica mirada. Diana miró hacia abajo a ellos. "¿Qué dice la primera linea?" dijo Emma, incapaz de auto refrenarse.
Diana frunció el ceño. "Fuego al agua," dijo. "¿Que significa?"
Iarlath le lanzó una única mirada fría y se movió para unirse a ella. "Será el trabajo de tu gente descubrirlo."
¿Fuego al agua? Emma pensó en los cuerpos de sus padres, ahogados y luego desmoronándose como cenizas. En el cuerpo del hombre del callejón, quemado y luego, empapado de agua marina. Miró a Julian, preguntándose si su mente estaba siguiendo los mismos caminos que la suya -pero no, él estaba mirando a su hermano, sin moverse, como si estuviera congelado en el sitio.
 Ella ansiaba poner las manos sobre los papeles, pero fueron plegados dentro de la chaqueta de Diana, y Diana estaba conduciendo a los dos hombres Hada hacia la salida del Santuario. "Comprendéis que estaremos investigando sin el conocimiento de la Clave," dijo mientras Iarlath empezó a caminar junto a ella. Kieran caminó tras ellos, con cara de pocos amigos.
"Entendemos que teméis a vuestro gobierno, si," dijo Iarlath. "Nosotros les tememos también, a los arquitectos de la Paz fría."
Diana no mordió el anzuelo. "Si necesitáis contactarnos durante la investigación, necesitaréis tener cuidado al hacerlo."
"Solo vendremos al Santuario, y vosotros debéis dejar mensajes aquí para nosotros," dijo Kieran. "Si nos enteramos de que habéis hablado de nuestro trato con alguien fuera de estos moros, especialmente a quien no es un Nephilim, estaremos muy descontentos. Mark, también, está bajo los ordenes de secreto de la Caza. Descubriréis que no les desobedecerá."
La luz del sol irrumpió en el Santuario mientras Diana abría las puertas. Emma sintió un destello de gratitud por su tutor mientras Diana y los dos hombres hada desaparecían fuera. Gratitud por ahorrarle a Arthur -y por ahorrarle a Julian un segundo más de pretender que estaba bien.
Para Jules, que estaba mirando a su hermano -finalmente, realmente mirándole, sin nadie para ver o judgar su debilidad. Sin nadie para, al final, apartar a Mark de él de nuevo.
Mark levantó su cabeza despacio. Estaba delgado como un palo, mucho más estrecho y anguloso de lo que Emma le recordaba. No parecía haber envejecido tanto como adelgazado, como su los huesos de su barbilla y mejilla y mandíbula hubieran sido refinados con cuidadosas herramientas. Estaba demacrado pero elegante, a la manera hada.
"Mark," exhaló Julian, y Emma pensó en las pesadillas de las cuales Jules había despertado durante los años, gritando por su hermano, por Mark, y cuan desesperanzado había sonado, y cuan perdido. Él estaba pálido ahora, pero sus ojos estaban brillantes como si estuviera observando un milagro. Y era un poco un milagro, pensó Emma: Las hadas nunca devolvían lo que habían quitado.
O al menos, nunca lo devolvían sin nada a cambio.
Un escalofrío recorrió las venas de Emma, pero no hizo ningún sonido. No se movió mientras Julian daba un paso hacia su hermano, y luego otro más, y luego habló, su voz quebrándose. "Mark," susurró él. "Mark, soy yo."
Mark miró a Julian directo a la cara. Había algo en sus coloreados ojos; ambos ojos habían sido azules la ultima vez que Emma le habían visto, y la bifurcación parecía hablar de algo roto dentro de él, como una pieza de alfarería rota, agrietada a lo largo del esmalte. Miró a Julian -asimilando su altura, sus anchos hombros y su desgarbada figura, su despeinado pelo marrón, sus ojos Blackthorn -y él habló por primera vez.
Su voz sonó ronca, raspada, como su no la hubiera usado en días.
"¿Padre?" dijo, y entonces, mientras Julian respiró sobresaltado, los ojos de Mark se volvieron y él colapsó en el suelo desmayado.


Más que un avance, es todo un capítulo de Lady Midnight, un capítulo que me ha dejado con los dientes largos XD 
¡¡QUIERO MAS!!

En fin, habrá que esperar hasta Marzo de 2016 al menos.

(El fragmento fue publicado en las redes sociales de Cassandra Clare y ha sido traducido por mi, así que pido perdón por los errores de traducción que seguro habrá.
Ha sido traducido y publicado en esta plataforma solo para compartirlo con los lectores del blog^^)

Hasta pronto

1 comentario:

  1. Hola!
    Menudo mega fragmento!! O.O
    No me lo esperaba tan largo jajaja
    Un beso ^-^

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